Qué revelan los censos recientes sobre la población del ciervo más austral del mundo.
El huemul sobrevive en bosques cordilleranos fragmentados por rutas, ganado y incendios. Los equipos de guardaparques y científicos combinan cámaras trampa con collares GPS para estimar cuántos ejemplares quedan en los parques nacionales del sur. La pérdida de corredores entre Chile y Argentina sigue siendo el principal obstáculo para que la especie recupere territorio. La educación ambiental en escuelas rurales aparece como una herramienta concreta para reducir el conflicto con perros y ganado.
Los censos más recientes no dibujan un panorama único. En algunos valles del Parque Nacional Nahuel Huapi y en sectores del Parque Nacional Los Alerces, los conteos por cámaras trampa muestran núcleos estables, incluso con crías registradas dos temporadas seguidas. En otros puntos, la ausencia de avistajes durante meses obliga a revisar si el problema es la densidad real o la dificultad de monitorear un animal que se mueve en pendientes y matorrales cerrados.
El trabajo de campo no es rápido. Un collar GPS entrega posiciones cada pocas horas, pero interpretar esos datos exige distinguir entre desplazamientos habituales y cruces reales de rutas. Los guardaparques anotan huellas, ramoneo y heces en planillas que después se cruzan con imágenes satelitales de incendios y con registros de tenencia de perros en parajes cercanos.
La fragmentación es el nudo del asunto. Una ruta asfaltada, un alambrado mal puesto o una jauría suelta bastan para cortar el paso entre dos bosques que antes eran continuos. Sin corredores, cada población queda aislada y pierde variabilidad genética con el correr de las generaciones.
En las escuelas rurales de la cordillera, talleres breves sobre fauna nativa y manejo responsable de perros empiezan a mostrar resultados medibles: menos denuncias por ataques y más avisos tempranos cuando aparece un huemul cerca de un puesto. No resuelve todo, pero cambia la conversación.